Siempre tendremos Paris

20131217_5Raee.jpgHace unos días finalizó en Varsovia (Polonia) la 19ª Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 19).

Celebrada del 11 al 22 de noviembre de 2013, y como continuación de la anterior Cumbre de Doha (COP 18), su objetivo era acercar posiciones para un acuerdo en 2015 en Paris que permita reducir las emisiones contaminantes.

Lamentablemente esta cumbre no puede clasificarse como exitosa. La mayoría de los especialistas opinaron que se está aún muy lejos de lograr el objetivo. Inclusive esta cumbre podría ser recordada por ser la primera (única hasta ahora) en que se retiraron las Organizaciones no gubernamentales antes del fin, en una clara muestra de protesta.

De ahí el título, o la frase que algunos ya otros han utilizado para describir esta cumbre “Siempre tendremos Paris” como dijo Humphrey Bogart, al final de su famosa película Casablanca cuando se aproximaba un final en el que Rick debía dejar ir a su amada Lisa con otro y los alemanes vendrían por él, a lo que también podríamos agregar: “La esperanza es lo último que se pierde”.

La COP 18 en Doha (Catar en 2012)  había concluido con una resolución que intentaba extender el protocolo de Kioto hasta el 2020.

Porque, aunque no haya sido noticia en nuestras latitudes, en 2015 caduca el Protocolo de Kioto de 1997 –  totalmente insuficiente e ineficaz por falta de cumplimiento-  por el que los países desarrollados están obligados a recortar sus emisiones de gases de efecto invernadero.

La COP 19 comenzó con el duro anuncio de Australia, Japón y Canadá de que no piensan reducir sus emisiones,  en una clara política de sacrificios mínimos.

Mientras que Estados Unidos propuso que la obligación de reducir las emisiones se extienda a todos y no solo a los países desarrollados borrando la línea que divide a unos y a otros.

El Grupo de Países en desarrollo afines al  Cambio Climático (conocido por sus siglas en inglés LMDC (Like-minded Developing Countries Group) se creó en 2012, y está compuesto por naciones ricas en petróleo como Venezuela, Arabia Saudita, Bolivia y Malasia, así como otras que tienen grandes depósitos de carbón o son muy dependientes de los combustibles fósiles como China e India, y otros países como Cuba, Nicaragua, Ecuador, Tailandia, Egipto, Pakistán, Filipinas, República Democrática del Congo, Méjico  y Mali.

Este grupo LMDC que es cada vez más influyente, se opuso a esta propuesta y propone que permanezca una marcada diferencia entre naciones desarrolladas y en desarrollo. El argumento que utilizan es que la responsabilidad histórica del cambio climático recae absolutamente del lado de los países desarrollados y por ello son quienes deben “hacerse cargo”.

Esta organización da fuerza a los países en desarrollo que hoy no se dejan manejar por los desarrollados.

Sin embargo, las emisiones están creciendo rápidamente tanto en China como en India, y se presentó un nuevo estudio que pronostica que en  2020, el conjunto de las emisiones de todos los países en desarrollo superará el de las naciones desarrolladas.

Pero y ¿se acordó algo? en Varsovia
El resumen indica que se avanzó solamente en 2 temas: 1) Un fondo para recuperar daños causados por el clima en los países en desarrollo y 2) Una mayor protección a los bosques naturales.

Las razones son evidentes, cada vez ocurren más frecuentemente y son más intensos los fenómenos climáticos que afectan a todos, pero los más pobres y vulnerables son los que más sufren por las pérdidas ocasionadas por estos fenómenos  y por eso exigen ser compensadas.

En esta cumbre se decidió crear el Mecanismo Internacional de Varsovia, que contempla ayudas a los países en vías de desarrollo para afrontar los daños derivados del cambio climático, aunque no implica ninguna responsabilidad legal por parte de los países desarrollados. Se dieron largas discusiones respecto al uso de la palabra "contribuciones" en lugar de "compromisos”.

Para este acuerdo ha sido clave la presión de China y especialmente de Filipinas, cuyo representante arrancaba esta cumbre con lágrimas en los ojos ante la tragedia del huracán Yolanda  que arraso su país y un ayuno voluntario que le ha hecho perder 6 kilos durante la cumbre.

Se trata de  un fondo de financiación de medidas contra el cambio climático a largo plazo de se integra con 100.000 millones de dólares anuales, a la vez que se lanza un llamamiento a los países desarrollados para movilizar esa cantidad a partir de 2020 con recursos tanto públicos como privados.

Quizás el resultado más positivo ha sido la compleción de un nuevo mecanismo que tratará de mantener los últimos bosques primarios en pie, conocido como REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de bosques) que proporciona una compensación a los países que pierdan ingresos por no explotar sus selvas.

REDD es un paquete que incluye verificación, supervisión y garantías para las comunidades locales. Su objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la deforestación y la degradación forestal.

Bolivia está en contra de este fondo y se niega a su concreción  por considerarlo un sistema de mercados.

Los comentarios no fueron para nada optimistas:

Kevin Watkins, director del Overseas Development Institute escribía, en un reciente artículo, que la cumbre del clima en Varsovia era como un teatro con intervenciones cuidadosamente guionadas y  ensayadas.

Otro informe del The Guardian aseguraba que la delicada tregua conseguida en Varsovia podría no sobrevivir siquiera el vuelo de regreso a sus países de los delegados.

Christiana Figueres, Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) tiene claro que la ciencia y la política están reñidas, y eso no puede durar más tiempo, es necesario que los negociadores se pongan en los zapatos del otro y dejen sus intereses monetarios, de lo contrario nos acercamos a una catástrofe. Estamos atrapados en un difícil contraste entre la urgencia de la ciencia y el ritmo de desarrollo de la política. Lo que no cambia es el hecho de que los países industrializados tienen una gran responsabilidad histórica y deben tomar la iniciativa, pero todo el mundo debe contribuir, sin duda de una manera diferenciada, y en niveles diferenciados e incluso con tiempos diferenciados. A la vez que mandó a “hacer los deberes en casa”  a los gobiernos para la cumbre del clima de París.

También opinó,  que las naciones en desarrollo han dado un portazo en la cumbre y la puerta quedo casi cerrada para la COP20 en Lima el año que viene y para la decisiva cumbre de París, en 2015.

Esperemos que en Paris haya más sensatez, dijo Figares.

Una sensación de frustración fue lo que nos dejó la COP 19 y aunque se realizaron esfuerzos hasta el último momento,  el dinero y la política fueron más fuertes que las evidencias científicas.

Al parecer hay dinero, pero no el suficiente y también hay buenas intenciones, pero no las necesarias. El avance ha sido poco y por esto las esperanzas se centran en Paris 2015, donde se espera arribar a un convenio vinculante que obligue a reducir las emisiones a partir del 2020.

Luego de terminar este artículo, se me ocurre que tal vez en lugar del título utilizado y en honor a la misma película, deberíamos utilizar otra famosa frase de Casablanca “Tócala,Sam” y volvía a sonar “As Time Goes By”, , como en estas cumbres preparatorias, suena la misma melodía y no se avanza casi nada.

Yo me pregunto, ¿qué mundo le queremos dejar a nuestros hijos y nietos?, el 2020 está ahí a la vuelta de la esquina. Desde que se tomó conocimiento de la influencia de los gases efecto invernadero y los cambios en el clima venimos pateando la pelota para adelante, sin saber si el planeta resistirá hasta el 2020 sin que tomemos medidas.

Ha llegado la hora de pasar a la acción, hay que tomar medidas aunque a algunos les parezcan injustas. la búsqueda de medidas justas para todos puede ocasionar que no se haga nada hasta que sea demasiado tarde. Concuerdo con Figares en que los países desarrollados son los que tienen la mayor responsabilidad y deben ser los primeros en tomar medidas, y también que es muy injusto exigir a quienes emitimos muy pocos gases efecto invernadero a reducir nuestras emisiones, limitando nuestras posibilidades de desarrollo.

En este problema no se pueden imponer soluciones porque los más fuertes tienen la palabra, y son los que deben tomar acción, y no hay ninguna fuerza que pueda obligarlos, y la razón muchas veces no es suficiente.

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